Entrevista con la historiadora Ma. Eugenia Cruset
“Existe una deuda histórica con los descendientes en el país”
Por Julián Doyle
De formación platense, Cruset es una investigadora reconocida en el ambiente de los estudios contemporáneos sobre los procesos complejos de inmigración que marcaron y marcan la geopolítica social de América latina. La importancia de la diáspora irlandesa en el país. La provisión de armamentos para la independencia. Las relaciones bilaterales entre Argentina e Irlanda
¿No es contradictorio o al menos sospechoso que la construcción de los Estado Nación en el Cono Sur y en particular el de Argentina, hayan dependido tan fuertemente del factor inmigratorio?
Bueno, ¿por qué comparo Irlanda con Argentina? Porque Argentina es un Estado sin Nación, no existe una nacionalidad argentina. Sino que es una gran mezcla, un crisol de culturas y razas en base a la inmigración. El Estado argentino lo que tuvo que hacer fue crear un país con esa gente que venía de culturas, orígenes, religiones e idiomas distintos. Lo hizo a partir de la educación pública, del servicio militar obligatorio, toda una serie de herramientas que hicieron a la formación de un Estado. En Irlanda pasaba exactamente lo contrario: era una Nación sin Estado. Porque en el período que yo trabajo estaba todavía la separación con Inglaterra. Entonces, a partir de características tan distintas es que se crean relaciones internacionales y diplomáticas muy distintas, porque son desiguales los contextos de los cuales provienen.
¿Cómo explica que los irlandeses que arribaron al país tuvieron la capacidad de insertarse tan rápidamente al mundo de la alta política y en las esferas de toma de decisiones?
Eso es genial. Cuando hago la comparación entre los vascos y los irlandeses, compruebo que los irlandeses son mucho más exitosos a la hora de lograr objetivos que los vascos. Porque los vascos se quedaron añorando el país de origen. La idea de ellos era hacerse ricos y volver. En cambio, los irlandeses, no. Desde Monseñor Dillon que era diputado, en adelante. Además de ser una colectividad que era menor en cantidad que la vasca.
¿En el estudio que realizó encontró algún rechazo de la sociedad local frente a los inmigrantes irlandeses?
Desde los argentinos, no. Lo que sí había cada tanto en la campañas en el campo, eran conflictos entre peones y patrones, problemas de orden jerárquico. Pero, en general, los irlandeses estaban bien vistos. Además tenían una ventaja: eran muy parecidos a los ingleses físicamente, hablaban inglés y la gente en general se los confundía con los ingleses. No fue un tema de burocracia sino que la gente venía ya con el pasaporte británico porque jurídicamente eran ciudadanos británicos. En 1880 una señora que había nacido en Cork, era inglesa. Hoy sus familiares no pueden creer esta situación.
¿Qué significa el concepto de para-diplomacia?
Es una categoría nueva. Las relaciones internaciones son relaciones entre Estados. Pero desde hace un tiempo, se perciben nuevas relaciones entre los Estados y los países, que no las ejecutan los embajadores o el personal burocrático administrativo de los Estados. Por ejemplo, hay relaciones entre algunas provincias argentinas y el Estado brasileño. O hay tratados que hacen los municipios entre sí. O lo que hace Greenpeace. Se trata de ONG’s muy poderosas, que tienen una representación en la ONU, y que desarrollan una actividad paralela a la estatal.
¿Vamos camino a ese tipo de relación?
El Estado va a seguir estando. Obviamente es un Estado más débil, más vulnerable. En parte por los efectos de la globalización. Pero va a seguir siendo el protagonista. Lo que ocurre es que existen hendijas que dan lugar a la participación cada vez más fuerte de otras entidades y de la sociedad civil. Lo que hace la gente de Gualeguaychú es una actividad de para-diplomacia. Ciudadanos que se defienden por sí mismos, bloquean la ruta y se enfrentan directamente con otro país, defendiendo intereses que son contrarios a los del Estado.
¿Y en el caso de las diásporas cómo actuaría la para-diplomacia?
Las diásporas son muy activas en esa clase de cosas, sobre todo en lo que concierne a lograr objetivos que favorezcan a sus Estado-nación o a sus madres patrias. Por ejemplo, en el caso de Irlanda antes de la independencia y en el caso de la diáspora argentina en particular. Argentina envió financiamiento para los grupos fundamentalistas de allá, mandó armamentos y profundizó los flujos de información. Quién puso la bandera tricolor en el correo en las pascuas de 1916: un argentino, que se fue allá y que se ocupaba de recibir las municiones y el dinero. Todo eso es para-diplomacia. Cuando muere el Alcalde de Cork por el Sinn Féin (Terence MacSwiney) a causa de una huelga de hambre en 1920, en Argentina hubo ciudades donde se puso la bandera a media asta. Esa es una actitud solidaria en el marco de una para-diplomacia. Todo responde a la influencia de la diáspora, y sin dudas no se hubieran logrado de otra manera.
Hoy se da un proceso inverso: los argentinos son los inmigrantes en Europa…
Si y ni siquiera tienen las posibilidades que tuvieron los europeos aquí, ni hablar del acceso a tener un campo. El destino es un “hostel”. De todas maneras yo creo que el gobierno irlandés tiene una deuda moral con toda la diáspora no sólo argentina sino también la norteamericana que contribuyó mucho a la independencia de Irlanda. Eso en cierta medida, lo tendría que reconocer de alguna manera, por ejemplo en el tema de la ciudadanía para descendientes de irlandeses, que tendría que ser mucho más accesible, como tienen los italianos. Porque es una deuda de justicia hacia la diáspora. Los españoles, recientemente, con la ley de Reparación histórica, contribuyeron a saldarla. En cierta medida, es una deuda de gratitud. Porque Irlanda recibió mucho de la diáspora, como Italia también recibió de sus inmigrantes. Y más allá de la deuda simbólica existente, para Irlanda representaría una oportunidad de recomponerse culturalmente, de profundizar los lazos económicos y comerciales. La India tuvo una diáspora muy numerosa y la diáspora india en todo el mundo tiene ventajas comerciales enormes en su país de origen.
¿Los irlandeses se fueron de su país sólo por una cuestión económica?
No, porque acá vinieron desde la época de la colonia por intereses comerciales. Generalmente los migrantes salen de sus países obligados, buscando una mejor situación económica o de libertad política. Aquí vinieron los soldados que huyeron de las invasiones inglesas como prisioneros hasta gente que llegó como grandes comerciantes adinerados y con su propio capital. Y obviamente, por la hambruna. Aquí no venía igualmente el irlandés más pobre. El irlandés más pobre fue hacia los Estados Unidos.
¿Pero a futuro cómo ve las relaciones bilaterales?
A futuro veo que hay iniciativas fuertes de parte de la Embajada de Irlanda para que se profundice el vínculo entre los dos países. Veo un apoyo de la Embajada en todo sentido, sobre todo tanto en los aspectos comunitarios: están presentes en todas las festividades, en el Encuentro Nacional… esto hay que potenciarlo. Y el vínculo con las asociaciones del interior es fundamental, al igual que el financiamiento a los clubes como el Fahy o el Hurling.
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